Después de mi experiencia alucinante con el chofer despistado, me he negado sistemáticamente a volver a arriesgarme con otro taxi.
Acerca de los colectivos y sus conductores mucha tinta fue usada contando atrocidades padecidas por los sufridos pasajeros.
Para los trayectos cortos, no había drama ya que caminar siempre fue mi opción ideal, saludable para el cuerpo y para el bolsillo.
Pero el enigma a resolver era cuáles podrían ser mis opciones para trasladarme a lugares lejanos sin tener que hacer maratones diarias.
Usar el auto fue descartado tiempo atrás, después de haberme quedado prisionera en el medio de un piquete durante horas o de no haber podido encontrar lugar para estacionar y recuperar mi libertad.
Después de una larga noche en que no pegué un ojo sumergida en un laberinto de dudas y cavilaciones obsesivas me dispuse a desayunar y a leer el diario. Una noticia en primera plana cambió el rumbo de mis pensamientos
Cayó de un séptimo piso y se salvó
El niño, de 7 años, se asomó a un balcón francés para llamar a su madre; sólo se fracturó las piernas.
... La madre bajó con el más pequeño a un quiosco, y el mayor se quedó en el departamento.
..."Lo vi que se asomó por el balcón y lo escuché gritar y llamar a la mamá", contó un obrero que trabaja frente al edificio donde ocurrió el accidente. "Me fui para adentro unos segundos y, cuando salí, no lo podía creer; lo vi caer los siete pisos",
... cayó desde el balcón francés protegido por una reja y ubicado en uno de los laterales del edificio, y se golpeó contra el piso en una cochera, tras haber sido amortiguada la caída por un techo, probablemente un toldo.
... La caída se produjo desde 21 metros aproximadamente. Cayó parado. "Tiene dos fracturas en los miembros inferiores, sin daño interno".
Después de leer la noticia del diario recordé una anécdota que mi mamá siempre contaba.
Unas horas después de mi nacimiento, que se produjo en un hospital público, ella y yo dormíamos juntas en la misma cama. De pronto apareció una enfermera. Levantó violentamente las cobijas, yo quedé enredada entre las mantas y me fui al suelo. Mi mamá pensó que mi vida había concluído y se desmayó.
Cuenta la leyenda que caí parada y milagrosamente sin ninguna lesión. Suelen hacerme bromas afirmando que quedé petisa por ese motivo.
Dicen que los gatos caen así y por eso tienen siete vidas. Ya gasté varias.
Por lo pronto, ya te gastaste dos: cuando caíste parada de recién nacida, y recientemente, con el mentado taxi. Te quedan cinco. Que ni se te ocurra empezar a patinártelas, me hacés el favor...
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